Revelaciones de un aviador a dos luces y otros mensajes cifrados por estrellas incontenibles
Nadie supo de aquellas luces sedientas
vislumbradas por nosotros,
de los astros con sus revelaciones azules
que brillaron en tus ojos ingrávidos de viajero celeste.
Ahora desecho el tiempo en estos páramos silentes,
alguna cueva me refugia en sus entrañas
y reposo, como un animal traslúcido
con las alas cortadas y sangrientas.
No puedo obligar a las serpientes a llevarme contigo,
me niegan sus dientes
y escapan entre las arenas sin labios
que profesan mis locuras.
Estas puertas que abro
con una demencia premeditada
son un puente e silencio
que beben tus pies frescos
hasta mi penumbra inconcebible.
Repaso cada uno de tus miembros,
tu voz que anda en cada segmento de mis carnes,
las flores alucinadas
y estos tramos de luz que guardo.
Una mar se ha muerto en sus penurias,
últimas consecuencias de tu partida
pero renacen incrédulos los peces
que sembré en tu memoria
hasta tocarte el aliento.
Camino y las estrellas me guían,
tus manos las limpiaban cada tarde como a cristales,
nadie las reclaman porque no pertenecen a nadie,
ni siquiera a ti,
aunque ellas te sonrían y glorifiquen
no te tocarán porque eres puro
y rey de todas ellas aún siendo príncipe
elegido, con tu amor por una rosa
y tus fronteras de no crecer jamás.
Ya no somos los mismos
y eso duele hasta los más profundos rincones
de unas almas desnudas.
Te has marchado en otra evasión de pájaros salvajes,
con una puesta de sol que te besó las ropas,
mientras tu vuelo transfigura la noche
y yo me he quedado solo,
absorto en unas estrellas estériles y frágiles
que parpadean tu recuerdo
y un niño que yace pálido en mis brazos.
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