IV
Cansado de oir no por todas partes.
Despoblado,
esperando a quién nunca tendré,
a quién veré pasar
arastrando la calle y las paredes.
Todos están de acuerdo,
todos me dicen no:
es como su quisieran hundirme
en una sombra;
en un recuerdo que corta
aquello que no tengo
En verdad
estoy dispuesto para el vuelo:
se me han roto las alas...
XIII
Estoy en medio de la tarde
como un extraño
o un recién llegado.
La lluvia cae
y el viento se fragmenta.
A lo lejos
las nubes en signos se contemplan;
y el mar
es sólo una plegaria que se esfuma
con el viento y el último crepúsculo.
XIV
Amar
una noche,
un reproche,
una ilusión cualquiera.
Un algo
que nos dieron
sin saber dónde y cuándo.
Una mujer
un beso del pasado
que se quedó en la piel
y no podemos ver
XV
Acabamos la historia
que jamás empezamos.
Fuimos agua
en aras del grito y del milagro
fuimos piedra entre piedras
una continuación de otras historias.
XI
De seguro
he puesto en ti
hasta el último grito
hasta el último hálito de esperanza plena.
De seguro
he venido pasando por tu nombre
y palpando
mi voz entre tus manos
como si en cada eco
traspusiera un umbral que me desangra.
De seguro
he confundido el ágata y el vino
el trigo y el invierno;
y es que en tus ojos se madura la luz
(como un trigo que crece en la tarde,
que crece de la luz y crece del invierno).
XVI
Yo estuve.
Lo sabés más que nadie
y sin embargo.
Lo tienes
grabado en esas cosas
que duermen;
en las manos
desnudas de la tarde;
en el libro:
el último
cuando yo me marchaba.
Si vuelves a buscarme
me encontrarás
cantandome al recuerdo
en medio del silencio.
VI
Amo de ti
el beso que no das
la palabra
que fluye cuando callas;
las manos posadas en mi frente como un otoño
o, un grito de la tarde.
Y tus ojos
desnudos como el mar
que de pronto se quedan meditando.
XIII
Esta noche tiene
rumores
de besos y sozollos.
Tiembla la sombra
y la penumbra vuela.
Las hojas se desgranan
y tú
te vas en el inmenso
tiempo
que nunca vuelve.
Dónde estarás ahora,
y en alas
de qué océano...
XIV
Te escuché
y tu voz fue creciendo.
De pronto
ya no estabas:
sólo quedaba el viento.
Una vez
cuando yo había partido
te encontré en la penumbra,
pero tan sólo eras
el agua entre las hojas
traspasando en el silencio
Te busqué
y nunca más te oí.
Te perdí
pequeña para siempre.
XVIII
Una canción
en medio de la noche
oculta
Me detengo a pensar
y esa música
me lleva,
me abraza,
me consume.
Me siento solo
y es que quizá
me estoy quedando solo.
Pero la múscia
sigue y sigue
subiendo por las hojas
y el viento:
parece que quisiera
regar sobre la tarde
toda mi soledad.
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