XIV
(Deuda de Amor)

Debí decir
que allí donde la última gaviota
fuese el vuelo,
terrenalmente estaría esperándote,
atento a tus pasos sobre la hierba húmeda,
dispuesto a lavar con besos
tus más prontas lágrimas.
Debí decir: -estoy aqui,
hecho un ovillo a tu lado,
sin contar el tiempo,
como amigo perenne
ante la niebla dolorosa del olvido
que envuelve lo cercano.
Esperaría, por qué no,
tus labios entreabiertos
y la señal de nuestras lenguas
surcándose el alma.
Nunca la herida será bandera.
para ti y para mi
que primero poblamos la ternura,
que primero fuimos niños
consolando corales con las manos.
Eso debí decir:
Que no temieras a tu propio corazón
lanzando olas,
que me inundases para siempre con tu abrazo,
que al poniente verás
como dos celajes que fundieron sus colores
más allá son franjas paralelas
que apenas se rozan entre el azul diluído,
y se sienten satisfechos,
cada cual abrazado al horizonte vasto,
otra vez niños
rozándose los dedos.




Nada llaga tan hondo
como amar sin destino


XXIX
(Palabra de Amor)

No pienses en el poniente
sino en la forma en que la luz
es desplazada por tus ojos.
Mientras debo morir
como un alucinado más,
preso sobre tanto andamiaje inútil.
Por eso doy un salto inusitado
hacia la altura
de ser no más que un caminante,
acaso un último eslabón del miedo.
Reconforta saber que aún me amas,
transfigurada en brisa.
Estás sobre mi sangre.
No olvido que morir es increíble,
como dar un vuelco de todo
hacia una puerta igual;
no existe languidez sino tensión,
esfera reversible de colores
y de objetos deformes
cuando aquí está la flor:
su último pistilo punza el aire
y el polen
diseminado busca en el asfalto.
Es terrible no existir,
estar sin ser-
no mencionar los parabienes de rigor
desvencijar la desnudez,
ser arrojado por las olas
a la orilla sin fondo de la arena.
Así me estoy sin verte
y avanzo un paso más hacia el olvido.
Así fenece el aire.
Pero tus ojos viven, aquí,
en mi palabra de amor no terminada.


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