Palabras Mudas



El día aruñó sus ojos,
el recuerdo que allí yacía.

Desubicado,
tomo su pluma melancólica
y con sangre del tintero
de su corazón,
trató de cantarle
en el papel de sus ansias.

Todo fue inútil.

La razón de su existencia,
con quien por la noche
bailo en la luna,
fue apocalípticamente
descrita por Neruda,
Benedetti y García Lorca,
para ser retocada por Mistral
y la hermosa Belli.

Su furia contra sus maestros literarios,
le provoco un infarto de ideas...
No existía léxico en su mente,
algún lenguaje útil para la ocasión...

Caminó por las veredas de Venus
en busca de rosas azules,
o verdes...
Luchó con Merlín
y convertido en lobo,
aulló al sol...

La hora del encuentro se acercaba,
y no sabia que vendría:
¿Su muerte o el pánico de olvidar
cómo expresar el amor?

El atardecer marino
le trajo violines melódicos,
aromas efímeros...
Y la puso en sus brazos...

Ella tomó su mano
y escribió su nombre
con sus labios...

Él le dio el suyo
en una lágrima de felicidad...

Y Dios los bendijo
en la oscuridad
del no saber decir,
del dejarse llevar.