Palabras



Sangrientas y adoloridas
huyen de mi boca
las letras, los versos
en ti forjados, a ti debidos.
Gimen,
lloran y gritan.
Se derraman por el viento;
como la espuma del mar,
besan tus oídos;
sentidos intrínsecos
en una melodía desafinada
por el desamor de tu recuerdo,
por el dolor.
No hay silencio de tu parte:
protestas airadamente con la mirada,
flagelas el alma de este seguidor.
No refutaré, seguiré hablando.
No me detendré,
que ya muerto tu cuerpo,
tu recuerdo
es mi único consuelo
para el ayer, el hoy,
y para el maldito futuro
que traerá dolor infinito
sin palabras sonoras
de tus labios hacia mí;
que tiene inmenso valor
para este poeta
que de tu partida nació.