Omnipotencia
Dios, ciertamente, se apoderó de ti.
De tus ojos,
en quienes me confieso tras la consagración de tu sonrisa.
De tus manos,
promesa salvación de mis lamentos.
De tu cantar lejano y espinoso
que santifica en mi todo deseo
y lo vuelve verdad hecha pecado.
Dios, ciertamente, no sabe lo que hace.
Buscar más Autores
Con M o De