Necedades.
Dejé que mis párpados
cayeran serenos
en el gran sosiego
de la hora joven
mientras reposaba
mi sien en la almohada,
y cuando ya el sueño
me posesionaba
comencé a sentir
la caricia táctil
de tu calidez
recorrer inquieta
mi cuerpo en tinieblas,
tenía tus labios
derramando miel
por mi geografía;
¡no sabía de mí!,
en esos momentos
quería poseerte
y necia que soy
no me daba cuenta
que eras de mi noche
un hermoso sueño
que quiso travieso
inquietar mi lecho.
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Con M o De