Lo inevitabledel oficio del poeta
Alguien sueña con un amor que dejó en Praga,
Y las piedras de la vieja ciudad han olvidado ya sus pasos;
Un suicida en otro mar echa un poema en una botella,
Sin saber que un día, un fragmento de su botella será perla,
Las perlas son el llanto del océano
Guardan un sufrimiento que desconocemos.
Una amiga habla con Dios, allá en su cuarto
Y Dios no la escucha, está dormido,
Cansado de tanto error de sus criaturas, duerme...
Yo batallo contra un verso que me acosa,
Intento volver a mi lectura, pero
Leer poesía contagia a escribir poesía.
Me persigue una historia de pozos, brocales,
La imagen de dos que se juran amor bajo la luna.
Cuando parte la diosa sin rostro tras la nube,
Permanecen abrazados junto al brocal.
El reflejo que se ausenta del pozo, no lo sabe,
Pero la luna es sólo un astro inhabitado.
Por favor, no cuenten esto a los amantes,
Permítanles esperar la luna,
Dejen que esta oscuridad les pertenezca,
Porque el mañana pertenece a dioses sordos...
Permanezco atada al poema, aunque no quiero saber
Qué fue de los amantes, no siempre los finales son felices.
Es demasiado amplio el cielo para el vuelo de un ave
El alma abarca mucho más cuando se pierde.
¿A dónde ha ido la mía, en alas de esta historia ajena?
Jurar bajo la luna es engañoso,
Ya lo dijo antes que yo un mejor poeta;
Ansío volver a aquella página que dejé marcada...
Mas una joven lamenta el abandono de sus musas.
Ella no sabe que siempre regresan,
Incluso cuando no las necesitamos.
Que aún sin Dios, sin Praga, sin Luna o sin las Musas que ella llora
Nos queda la vida, el insomnio, el hábito, el oficio,
El “no saber que hacer si no hago un verso”.
Escribir es transitar el sendero de la memoria.
Pero aún si marchasen los recuerdos
Y no supiéramos siquiera pronunciar nuestros nombres,
Tomemos entre nuestras manos un poema
Uno cualquiera:
Leer poesía es un buen remedio.
Ausencia
Partes sin avisar
Y no es que muera
Pero apenas sé si existo.
Aguardando de nuevo tu presencia
Sobrevivo al paso de las horas.
Atenazada en un mundo de tinieblas
Pienso en tu fulgor
Trato de nuevo de olvidarte
Y de tanto ignorarte vuelvo a ti
Inevitablemente atada a tus designios
Nunca sabrás cuánto te extraño
En tu Universo no importan los sentires
Contemplo mis manos, sin distinguir apenas
Las manecillas torpes
Que no saben decirme cuando vuelves.
De pronto estás aquí
Todo es pasado
La ausencia, la tristeza, el desatino...
Enciendo la TV, vuelvo a ignorarte
Y me alegro de que estés conmigo.
Requiem
Porque ¿qué otra cosa es un poeta
sino un dios enfermo?
Julio Pino.
No hay salvación
Para el poeta que se debate
En las profundas aguas de la Estigia
Nadie le tiende una red
Y él feliz
Ignorante de la culpa
Muere en aras de la puta poesía
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Con M o De
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