En aquel lugar, todo era distinto.
Los árboles se entrecruzaban frente al río.
Pero ella, no podía apreciar el silencio y la paz
que allí se podía encontrar.
Estaba como en otro mundo, un mundo lejano y sombrío.
Un mundo al que siempre regresaba.
Y mientras ella viajaba por esos lugares tan vacíos, que
no le daban nada, se perdía de ver las piedras que junto
a la corriente jugaban, se perdía de los pájaros, que sin
apuro volaban. Se perdía todo eso por algo que no valía
nada.
Mucho tiempo después, una mañana, se dio cuenta de la vida
que todos los días la esperaba. Se dio cuenta todo lo que perdía,
se dio cuenta que hasta ese momento no había tenido nada.

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