El grito de la poesía es tan real
se oye en los gritos de sus amantes.
Como el alado murmullo huracanado
de los ángeles que tocan las olas,
que besan las púrpuras madrugadas.
Se levanta como el rocío dormido
de la mañana, hacia el cielo,
buscando el silencio de tu boca.
Acaricia tu almohada mientras
te sueñas leyendo a Neruda.
El grito no es solo tuyo
pero puedes darle una rosa
al despertar en su lecho de paz.
La poesía te habla con la fuerza
con que cierras tus labios ante la ira.
Te llama en los tibios brazos de tu abuela
con la inocencia de tus recuerdos de niño.
La poesía viene hoy a buscarte
desde este ensayo de poema
y desde el incendio de tu casa.
Te propongo un aquì y un ahora
con forma de nosotros.
Te invito a retratar un silencio con miradas
Hazme un "Mc Gyver" en el alma,
para este deseo de saltar a tu risa.
Suspendamos los recreos
y las aulas.
Dejemos los "ahoritas" descansando
en las rosas y las botellas
en las hojas y las estrellas
junto al control remoto.
Nuestra propuesta de "Jaque"
se declama
en los rìos, las mesas,
en el cristal de las manos,
y en el bus que nos lleva.
Propongo asustarnos con nuestro "Mate"
Temblar alegres
ante la alegrìa del mundo
que vamos rearmando.
Escuchar el trigo
que trae nuestro verbo,
Minándo y germinándo
como un regalo dormido.
En el dorso de la ola
se perfila la espuma que
regresa callada.
En las luces de la arena,
al huir las miradas,
entre las manos desnudas
aparecen los resplandecientes
granos de sal,
vibrando entre los atardeceres;
como Ella.
Tirados en el desorden
de una marea escondida.
Tan escondidos,
como los ángeles de cristal
que guardan sus ojos.
Ojos que de noche mesen el mar
para dejar lágrimas de besos
sobre pétalos de arena.
Granos de sal anclados en el viento,
atados como en sueños.
Tan atados,
como los sufrimientos que ambos guardamos
en las mareas que lloran los cuadernos
en las olas de inspiración que tanto queremos.
Olas que a veces nos abandonan
con media tristeza en la mano
y media lágrima en la boca
esperándonos en otra noche
o en otro poema.
CXII
El día que te conocí
se enfrentaron:
Tu y mi pasado...
Busqué ayudar al pasado;
viendo tus defectos,
suponiendo lo peor de tus misterios.
Tu lo fuiste golpeando con el caer de tus ojos,
con tus caricias en mi brazo,
con los secretos de tus silencios.
El pobre pasado rápidamente se delibitaba;
ya ni siquiera se defendía.
Mientras más golpes le dabas,
más golpes quería.
Tanto lo castigaste,
que el pobre pasado sufrió de amnesia.
Y un pasado que no recuerda,
es como un miedo que no detiene...
Y un deseo callado,
sin que nada lo detenga,
es como hoy...
Y hoy más que nunca,
deseo,
haber tenido miedo.
CXXVI
Hoy la soledad suena opaca,
hace pesado los recuerdos,
se amolda a la forma de mi boca,
la siento como un sello muy antiguo,
voluminoso y sordo.
Nunca he tratado de odiarla,
más bien parto de ella.
La acompaño con silencios,
con miradas que caen lentas,
con caricias unilaterales.
Aunque no me guste admitirlo,
también comparto mi solo existir
con un puñado de suspiros
que asustan al corazón.
Ellos rebalsan las aguas del borde de mis ojos
y aveces me impiden amar mi almohada.
Cuando escribo mi soledad es libre.
Mientras me siento a observarla, a lo lejos,
ella corre hundiendo sus pies en la arena.
Sigo mirándola, ya está muy lejos...
se me cristaliza la mirada.
Cómo me gustaría dormir en el fondo de sus huellas.
Nosotros
Nosotros
murió el día que despertamos...
En realidad lo suyo era una enfermedad crónica.
Ya se veía, el pobre Nosotros no tenía cura.
Y nunca la tuvo;
al igual que todo ser vivo,
nació firmándo su contrato de defunción.
Sólo que el suyo era de muy corto plazo;
demasiado corto...
Los que sabían de ese mal
agachaban la cabeza,
tristes y callados.
Nosotros nació un día cualquiera;
el día que la ví en ese parque.
Le gustaba mucho preguntar
y creció muy rápido.
Con juegos y risas.
Pero no vivió mucho...
Me ayudó a madurar,
porque con sus ideas
reubicaba mi mundo.
Nosotros cambió la forma en que me veía;
como que me dió otros ojos.
Lo quise tanto...
Nosotros fue mucho más que una compañía.
Le confie muchos de mis secretos;
me deposité en él.
Por desgracia le encantaba pelear y discutir;
algunas veces quise no haberlo conocido.
Me decía que lo perdonara
y a veces yo también le decía lo mismo.
Llegamos al punto que nos veíamos sólo para dos cosas:
para pelear
o pedir perdón.
Y así Nosotros se fué cansando,
en realidad se fue enfermando.
Su corazón envejecía,
y su amor pronto se convirtió en cariño...
Nosotros cuando me veía,
sólo se quedaba silencioso,
porque no quería pelear más;
no quería seguir gastando su dignidad
en los mismos conflictos.
Y nos fuimos separando;
ya no brillaban sus ojos al hablarme,
y entendí que Nosotros estaba muy enfermo.
En realidad no sé
por qué no me preparé para su viaje final.
Un día; el que despertamos,
Nosotros amaneció rígido y frío en su cama.
Apesar de todo me dolió mucho su partida.
Nunca más... nunca más...
Fueron sus últimas palabras.
Y con un gran respiro
y una lágrima escondida,
me despedí de Nosotros,
y de todo lo que me hacía
recordarlo: ...Ella
Buscar más Autores
Con L o De
Puedes contactar al autor al mail: lassoj2@yahoo.com