Tan necio
como el aire de la muerte
fosforecente
como los besos de marzo
estás más cerca
que mi canción favorita
reuniendo sabores en mi mano
cada vez que las esquinas
riegan tu nombre
hasta la antesala de mi locura.
Esta noche
cae como el rocío
mezclando los recuerdos
atorados en la garganta.
Se sienta
como si fuese su crimen
a esperar los pasos
que aún se escuchan.
Volví para pintar
la casa de azul
hurgar en tu gaveta
y restarle a tu voz
mofarme de la ruta
de aquel calendario
y devolverte los atajos.
Ya no es opaca la luz
de aquellos escondites.
Me perdí en el terciopelo de la noche
donde las palabras revientan
bajo el calor de mil intenciones.
Esta noche manchada
de aletardías
despierta el paladar
como un pincel
mojado de ideas.
El más común de los vicios
evoluciona prendido de tus palabras
selecciona "impurezas" fulgurando
sobre tierra fértil
llena de humedad las feromonas
disolviendo sonrisas malvivientes.
El más común de los vicios
se acordó de mi nombre.
Vuelves como la locura después
de la pausa
recostado en mi lejanía.
Aturdez mi jardín meditabundo
con la verdad apenas pronunciada
tu llegada paulatina me recuerda
que el calor se vuelve líquido
cuando los nombres se desnudan
en los labios.
La tarde se vuelve un espítiru
infectada de versos sin sosiego
libera el aliento de cada minuto
en melancólicos tropiezos
sobre su firma clandestina
se expande la necedad.
Libres
pasan las horas
pigmentando el ambiente
de susurros en lo invisible
de canciones disecadas
bajo el telón del silencio
con mezquindad en nuestro espacio
pensamos
que el cielo es un eterno poema.
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