Mi querido Axel
Yo soy la madre,
que tu un niño haciéndote el hombre,
derrochando con bondad sin medida
el cariño,
me has hecho llorar.
Y por este llanto
de dolor de tranformacion
de mujer madre en la niña
te erigo, con mis manos,
cercanas más a la tierra que al cielo,
para bendecir tu camino,
el altar.
Anoche recorrí los tiempos
que amparaban tus sobresaltos,
por las incognitas de los susurros,
por los nostalgias nacidas
fuera de los límites trazados.
Y... te encontre
consolando a los ojos del vacío
colgados sobre el muro,
uniéndote a la informidad del oceano
en las burbujas delicadas y frescas.
Y... supe que no podías estar
en otro lugar del destierro más seguro.
Te arregle el pelo mojado
y... la sabana descorrida de la espuma,
que hizo sonreir al reflejo cansado de un niño
en la palma de tu mano.
Te fuiste y me quedé rara
floto como el aire
que entra por mi ventana.
Atravieso las distancias
sin marcar los pasos
miro atrás
y no encuentro mi rastro.
Líbrame por favor
de las palmas de tus manos
que yo te salvaré
de las gotas escondidas
en el fondo de mis ojos,
en el palacio pintoresco
de los caprichos y de los antojos.
Yo quiero,
Yo quiero tu sonrisa en mis ojos
cerrados o abiertos,
tu voz sonando sin cesar alredador,
el mar repitiendo tu cuerpo en sus olas,
el cielo tejiendo con los rayos
dentro de las nubes tu silueta.
Y... no quiero pintarme el pelo,
ni vestirme con la ropa hermosa,
ni comer lo que nunca he comido,
tengo miedo convertirme en la otra.
Mi tristeza nace de tu alegría,
mi felicidad es sólo es un simulacro,
te celo a las sabanas y las almohadas,
lloro como un niño encaprichado
detras de los segundos que corren.
No me decido a encerrar los que ya pasaron,
ni a atrapar los que todavía duermen en sus rincones.
Los colores se han puesto los trajes grises.
Es un desfile de un elegante luto.
Yo hubiera preferido que llegaran antes
en sus caruajes de matices brillando de lujo,
cuando mi oficio era de guardahorizontes,
adornando las avenidas de las nubes,
con las sensuales siluetas de los montes.
Y... yo sólo quiero tu sonrisa.
Yo me extiendo debajo de tus pies
suavizo tus pasos en los saltos,
los visto de besos,
los baño en los matinales rezos,
me vierto en la real palma ascendida
del placentero vientre de caoba,
en los abanicos de bel canto,
en el llanto de la memoria herida,
en el pulso de despedida de las alas rotas,
donde
la flor no nace en los abrazos de tu piel a mi piel.
espinas y espinas yacen en el silente combate.
Y tu sabes
que tú mi creación eres mi negación,
eres él quien asusta a la muerte
en el balanceo de la puente colgante,
aunque
me involucre en los intentos
de la ronda veneciana,
en las invisibles sustancias en fuga,
en la azul oferta al encuentro,
en los desafíos al diseño instantáneo e efímero,
en la entrega de lo que ya pierda,
de lo que ya flota fuera de lo inalcanzable,
como si la vida fuera
el cambio de capas
de la diversidad de náufragos muñecos.
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