XXVIII
... sólo deseo
no decir ya nada, sino
descender
debajo de mis palabras
y recostarme a Tí para siempre.
Es sólo que... mi antiguo corazón
es una flor en llamas.
XXII
Sólo tengo palabras
para dar.
Sólo soy
mensajero del Amor,
y veo:
Una Inmensa Fuente de Vida
elevándolo todo
cada vez más alto
cada vez más fuerte
una y otra vez
sin importar la distancia
ni la inmensidad de la tarea
ni la lejanía de la meta.
¡Arriba, arriba
a la Belleza, a Todo
al Amor, hasta la vida eterna!
... y un inmenso mar de lágrimas
que va quedando atrás.
XII
Cuando no pueda ya seguir,
pararé simplemente.
No diré ni sí ni no
ni siquiera: no puedo.
En silencio
esperaré la lluvia nada más de lo alto
y se me mojarán todas las ropas y la piel.
Sé que entonces saldrá otra vez el Sol
y calentará mis huesos desde adentro.
Y nacerán de nuevo
agradecidas
ansias de trabajar y de seguir...
IV
A veces
todo me aprisiona
y me hace falta.
No tengo nada
y todo me tiene a mí
atado.
Entonces,
cojo mis cadenas con ambas manos
y las beso
y me meto dentro de ellas.
Me como despacio mi soledad bendita
y voy borrando todos los límites con besos.
Parece mi río
una prolongación del mar.
Poemas de Amanecer
I
Quisiera amar en el silencio
como los grandes árboles del bosque
pero a veces brotan flores
como palabras, nacidas del amor.
II
Soñé que éramos sueño
y al despertar
oí tu voz y supe con certeza
que Dios había pensado en ti
sin haberse jamás arrepentido.
V
Voy buscando, con el alma rasgada,
diciendo a cada luz.
¡Aquí, aquí, desesperado... y Tú
me regalas tu ausencia
(ese largo camino que me lleva hasta Ti)
¡Qué certeza de Ti, saber que no te tengo!
¡Cómo sé que me esperas, ya que no estás conmigo!
Y por eso esta ausencia
me la recorro a besos, bendiciendo
cada centella en el cielo de la noche.
Voy
atesorando luces
como recuerdos tuyos,
regalos o sonrisas.
Y ese cielo tan negro se llena de luceros
esplendentes, lejanos, como antiguas verdades.
Mas al pasar la noche
cerca ya de la aurora,
el cielo va quedando despojado de estrellas...
y aferrado a la última que no quiere partir
la veo por fin irse con los ojos en llanto.
Pero, más allá de la muerte,
la vida trabaja silenciosa.
Alzo la frente al día y miro el sol que nace enternecido.
Sólo quedan las lágrimas sobre la hierba
testigos de mi búsqueda,
de que hubo una vez noche,
de que yo suspiraba por Ti,
¡cuando estabas tan cerca
y no me daba cuenta!
VII
Ven,
quiero ofrecerte
el lecho fresco y suave
de las hojas caídas en el bosque.
Sentémonos a conversar
entre rumores de hojas
y el crujir de las ramas.
Bajo el celeste que juega escondido
detrás de los grandes árboles,
hablemos de Amor.
Poemas de la Tarde
II
No sé qué sería de mi alma
sin la exquisita lejanía
de aquel lucero suspendido
en el azul pálido del atardecer.
Es ese centelleo multicolor
apenas perceptible,
el que alegra mi espíritu
con la esperanza,
con la certeza,
con el agua pura de la eternidad.
V
No temo ser ya
infinitamente tuyo,
gozar de la certeza y de la paz
de saber
que estoy completamente equivocado.
Que es tuya toda la razón,
que sólo es el Amor:
no hay nada que temer.
VI
Yo moriré de música y de amor,
sencillamente,
me voy a morir de poesía.
Un día, ya no resistiré más que tu Vida
no llene toda mi existencia.
Cansado el cuerpo, cumplida la tarea,
abriré de par en par las ventanas del alma
y el coro de tu luz
me inundará de música y de lágrimas
...y cuando ellas rebasen sus fronteras
yo pasaré la mía
y me iré para siempre del mundo de los sueños.
VII
Antes de despedirse
el sol detiene la tarde
y envía
una larga mirada
amarilla sobre la tierra.
El hombre que camina,
la niña que salta la cuerda,
el caballo, el pájaro que cruza
y ese largo camino...
son eternos.
Nadie se da cuenta
que el tiempo se detuvo.
Sólo el corazón se ha convertido
en manantial de paz
mientras el sol continúa embebido
pintando la belleza del mundo.
De pronto, no sabemos por qué.
recoge sus pinceles
continúa su marcha,
cierra los ojos y se va.
Reina la noche.
Poemas de la Noche
IV
Simplemente esperando
una palabra verdadera,
una centella clara,
un amor que dure eternamente.
Alguien que nos reciba
como a nosotros mismos,
como a sí mismo se recibiría
si quisiera encontrarse.
Pero siempre, la espera...
El encuentro es fugaz
y de nuevo nos deja
esperando otra vez
ese beso que nos da la vida.
Beso que abarca el universo
y que ansí trasmitirse,
abrazo que reúne en la paz.
Descanso
para amar incansablemente,
ilimitadamente,
(¡son los límites del amor los que cansan!).
V
Es cierto
poco a poco
me estoy quedando sin palabras.
Ellas son sólo rito
apariencia o ropaje,
son las formas visibles
de lo invisible.
Ellas hablan
cuando deben hablar
y aún cuando no deben
el silencio lo acepta
porque es grande y desde él...
nada puede ser interrumpido.
Las palabras no hacen más
que añorar el silencio
de donde vienen.
Porque el silencio es lleno
de música y de luz,
en él reposa el Ser
y en él está dicho.
A Christiane
III
Hoy no es tu aniversario
ni es el mío
ni tampoco es hoy el nuestro,
es como siempre
un día más y sin embargo,
yo sigo celebrando:
Haber unido mi camino al tuyo,
y que caminamos juntos todavía...
Prometimos así
llegar al final de nuestras vidas,
(hasta que la muerte...
nos una definitivamente)
pues la misma bendición de Dios
del primer día
nos bendice
uniéndonos consigo
como ayer, como hoy y como siempre.
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