Qué importa, después de todo
Que una vez más y sin quererlo
Me vea de nuevo solo

Qué importa, si me complazco
En confundirme con la soledad
Que precede a la noche eterna

Qué importa un puñado de amigos
Que te hacen sentir acompañado
Entre sus propias soledades

Qué importa el amanecer
De unas nuevas amistades
Que te empujan a estar contigo

Qué importa volver al silencio
Que precede al nuevo ruido
Si siempre has de estar en medio

Qué importa, después de todo,
Morir un poco más cada noche
Si vives un poco más cada día

Ya no sé qué es lo que importa
Y errante seguiré a mi sombra
Mientras el sol me dé de espaldas






Me asomo a esta ventana
Que abierta está a mis desvelos
Esperando volver a verte
Orgullosa al otro lado

Pediré que la palabra
Vuelva a mí para decirte
En sortilegios envolventes
Aquello que te guste oír

Arrullos de palomo en celo
La música de los remansos
La caricia del aire fresco
Las luminarias de la aurora
Y un poco de dolor
Para que te sientas viva
Y no morir viviendo.

Vuelve pronto a este lado
Donde miro todas la noches
Para encontrar tu oasis
En los desiertos que transito.

Ahuyenta los espejismos
Que golpean tu esperanza
Róbale luz a tu cara
Y llena todos los abismos
Que juntos podemos cruzar.

Estamos solos, ¿no lo ves?
En la sombra vigilan cuervos
Y no son mejores ellos
Que todos juntos los infiernos.

Pero has de venir, y pronto
Que si en esta ventana el vacío
No lo llena tu presencia
No has de llorar otra ausencia
En tu sueño y en el mío.






Déjame dormir contigo.
Ya no habrá más mensajes
que hablen del odio inmenso
que sentía por la vida.
Esta noche, sólo quiero
un huequecito a tu lado,
y dormir, al fin, sin angustias
por nuevos amaneceres
sin sentido.
Buenas noches, mi niña.
Sí, sólo era eso, querida.






Hoy vi tu cuerpo desnudo,
Fue una furtiva mirada
Que atrapó tu imagen.
Antes, la deseaba,
Ahora, no sé qué hacer con ella.






No me busques
Te inundaré de tus lágrimas
De ruido de campanas
Cubriendo tu cabeza
No me busques
Ya no habrá atardeceres
Y todo empezará en la noche
Sin acabar nunca
En mañanas plácidas.
Crees que mis labios sonríen
Y sólo son muecas de soberbia
Y te escribo como el que ara
Un pedregal estéril
Blasfemando y escupiendo
A todos los dioses
Que te trajeron a mí
No me busques entre los cielos de tu deseo
Si quieres encontrarme
Has de bajar al infierno
Allí te mostraré el Universo
Y será tuyo
Si postrándote ante mí
Confiesas que me adoras.
Mujer, no conozco otra forma de amar.


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