La Noche en que el amor

La Noche en que el amor
se puso los trigales de las lágrimas,
creí que estaba herido para siempre.

Amé tanto que pude amar demás lo que no vino luego:
el espejo esperando debajo de las aguas,
la ventana con lluvia escondida en un árbol,
la calle pedregosa crecida en una mano.

Amé tanto que pude amar de menos
lo que llegó más tarde:
los cuerpos en incienso, la caricia en el eco,
el olor de un abrazo
de pronto parecido a una enorme ternura.


Ebriedad de Herida Abierta

Cuánto empeño en sequedad
y a la vez yendo hacia ti
húmedamente

Ah querida disfrazada herida nuestra
nuestro cuerpo sin cerrarse.
Los dos postergación,
los dos incontenibles
empapados y sangrando.

Ninguno de los dos podrá ser copa,
sólo vino contra vino y licor entrelazándose.

Ebriedad.
Sólo ebriedad de herida abierta.


Narcisos

Agua colorida
que ahonda y raramente horizonta tu mirada.
Que de alta noche sobre el vicio de mirar.

Nos miramos laberintos para muros
y decidimos que la tarde es inocente.
Omitimos el crepúsculo
y fingimos suprimir todo momento
que salte mediodía hasta la noche.

Espejos en los labios nos miramos.

En la noche -no en la medianoche-
en el agua colorida que horizonta tu mirada
nos miramos.


Lejana Cercanía

Esta tarde
tan cerca de ti
sin poder ni gobierno.
Espléndido fruto
en disimulo.

Ultrajante distancia
Atrevida cercanía.

El vaso
que emerge del abrazo
nace ya prisionero
y no recoge nada
ni desdice al frío.


Puerta solicitada

Déjame andar
dolor mío de todos los días.
Vivir
con alegres concesiones
que acepte la locura.

No pido minotauros besando laberintos
ni nada parecido al mar interminable.

Quiero el otro lugar
donde es cóncava la sombra,
no la luz que se proyecta herida.

Quiero las cosas claras
como una noche sin alguien
que necesita sed.

Quiero una tregua
para cualquier tarde de estas.


Alcoba Impublicable

Nuestros cigarros
largos
interminables
como piernas
quedaron esa noche
ceniza
y nos fuimos
a la cama.

Alados
como pasiones primeras.
Solitarios de dos,
bellamente abrazados
en sondas insondables.

Nunca dijimos
palabras sin sentido
como el amor conjugado.

Sinceros
y auténticos
y prohibídos
objetivamente
hemos sido.

Cuerpo tú
que anda y anduvo conmigo
ensoñando el placer.
Fuiste la sombra de tú
que yo quería.


Celebración

Te levanto triunfal copa vacía.
Vino erecto entre los vidrios.

Te asedio hasta las hondas de las ondas
y brindo por cortezas,
por el agua mansedumbre de la puerta humedecida
ya cerrada.

Te levanto triunfal copa vacía.
Ebrio ya
por la quieta enamorada sensación de haber amado.


No te confundas conmigo

Yo te dije:
me acerco al amor para licuar la soledad.

Nada más.

No me confundas en tus recuerdos.
Soy y seré compañero de mi niebla.
El péndulo y su eco.
Nada más.

El amor sólo cumple la misión del instante.
Una vez su ejercicio,
esta ausencia, nada más.

No me reclames seguir otros caminos.
No puedo con senderos tan poblados de tiempo.

La soledad me necesita
y yo al amor para poder retenerla.

No te puedo seguir.
A nadie puedo seguir.

Acepté.
Mi dolor es un látigo
que se sueviza en hilos
para tejer el descanso.

Soy convicto.
Yo apresé, condené,
construí la cárcel
y la sigo construyendo.

Cada noche me asomo a distintas rejas
y amanezco, eso sí, con las mismas cadenas.

Ningún condenado me acompaña.
No converso con nadie.
A nadie robo lo que no se come.
A nadie cuento mis hazañas.
Soy y seré compañero de mi niebla.

No te confundas conmigo.

Amo sólo lo que de soledad me dará el amor.
Nada más.

No te confundas conmigo.
Soy de la soledad
y me debo como idólatra
a su eterna exigencia:
buscar amor para llenar
su enorme e inextinguible vientre.

Por eso no me duelen las ausencias.


Esta oscuro el silencio

Está oscuro el silencio y podemos besarnos.
Pequemos mansamente.
Acerca la palma de mi mano hasta tu ceullo,
y aprieta la palabra,
no la digas.

Solos frente a un bosque sin preguntas,
tumbados entre el barro con estrellas.

Está oscuro el silencio y podemos
besarnos.


Lo que no comprendiste

Para que ese dolor te doliera
tuve que apretarte la mirada,
derramarme en aroma, pensarte en el momento.

Tuviste el cuerpo entonces
como un sol de permisos.

Y si hay un sitio,
yo estoy en ataduras,
al borde de paredes
donde la anchura calla,
para entender que el cielo
sólo tiene una estrella.


Hace Tiempo

Hace tiempo quería dejar en una rosa
el bosque de palabras que te he callado siempre.

Sólo estaba sereno cuando el aroma tuyo
penetraba hasta hacerme gritar como un espejo.

Pero un día te retuvo
la sed de una gran sombra,
y yo me fui quedando luminoso, diverso,
me vi habitado todo de innumerables frutos.

Las espina, cayendo, te fueron perfilando,
y aquí está tu precensia calcinada de amarte.


No te me mueras pronto

No te me mueras pronto.
Con quién tendría el amor de las palabras?
Con quién hacer la historia de mis dedos?
Con quién dejar el sueño vespertino
cuando la tarde moja acalorada
tu frente en mi mejilla?

A quién decir
la dulce geografía de la luz apagada?
A quién helar de luz
en el cielo del invierno?

Falta le harás a mi garganta
para nombrarte en diálogo.

Si te me mueres pronto,
con quién destruyo el tiempo
hasta encontrarte?


Yo le sostuve el beso

Yo le sostuve el beso hasta el final hermoso.
Qué desolado intento el que anduvo en el alma.

Yo no sé si la amé,
si la dañé crisálida o la inventé belleza.


Por que te sugirieron

Por qué te sugirieron
el camino a mi casa.

Por qué
entre todas las puertas
elegiste la mía
sin preguntar por alguien.

Esa noche sólo tenía
pan y pedazos de hambre
desteñida de costumbre.

Por qué no te importó
la cena miserable.

Hubiera sido cierta
tu llegada
y ahora
no tendría que recordarte.


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