Esperaba que alguien me adivinara
en la piel
los miedos y deseos,
los lugares que se me convierten
en dolor y pequeña muerte.

Talvez, sucedería un instante,
una palabra que se prolongara
hasta dejarme indefensa
y ahora
escucho ese ritual
que me exorciza de mi
y de mi culpa,
que me descubre y me regenera.
Llega lo inesperado
como un bálsamo de tiempo
y agua.




La carne de la noche
se estremece
ante el frío de la mano
que la toca

un lobo
muerde el silencio
y de su herida
la luz se derrama
perpendicular
al viento

hay tantas formas
de estar sola
y
son muchos ya
los duelos


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