Nacer
Nacer es abrir el libro del tiempo
y atravesar la puerta de la vida,
descorrer el cerrojo de la nada
y hundirse en el abismo de la muerte
para siempre.
¿No notas ya la sonrisa de la noche
entreabriendo los labios del cielo?
¿No ves que el mar está atracando a la luna
y con sus olas le pide que entregue toda su plata?
Día a día, camino, huyo hacia delante,
e intento ir más allá del horizonte,
huyo calle abajo, calle arriba,
desde los límites del aire
hacia mi propia soledad.
Me lanzo por túneles que desconozco
para atrapar segundos tan fugaces
que cuando llego ya se han ido
sin dejar ningún mensaje para mí.
Y cuando te miro veo
que dentro de ti hay antorchas
delirantes de ternura y pájaros azules
que al encenderse o echarse a volar
sacan a la luz un arsenal
de colores y latidos desconocidos.
Abro los ojos. Camino.
Y siento la fuerza del viento
golpeando en mi cara,
el cuchillo invisible del sol
atravesando mis párpados
con su filo amarillo.
Paso a paso me hundo
en el futuro, en esos brazos
de diámetro infinito que abren
el cielo y cierran el negro laberinto
del silencio. Te sigo
como si fueras una larga cometa
que no logra desprenderse de su estela
y me diluyo en el abismo del tiempo.
Nacer es como vestirse de luces
y torear en la gran plaza del mundo
sabiendo que, al final, el toro
te enredará para siempre en sus cuernos.
La marea de los días
Los días son largos, tristes, hondos,
se deslizan silenciosos uno tras otro
dejando huecos sin ojos en la nada,
salen de la espuma de las olas
como una marea de luces
que invade lentamente el aire,
muerden el pecho con un dolor
abierto y salvaje,
una música estéril y quebrada
de vientos sin voz,
de océanos ocultos y túneles inciertos.
Llegan a la playa desierta de la vida
sin fuerza
y escriben largas cicatrices
en la arena
que luego borra
la marea nueva
bajo la luz oblicua
de un millón de estrellas.
De ti
Dentro de ti
hay sonrisas exquisitas de cometa,
lágrimas desnudas que maduran
a la luz de mis palabras,
pétalos de sangre malherida
que vuelven primavera
el eco de mi voz
y despiertan viejas caravanas
de esperanza en mi interior.
Dentro de mí
hay un sitio reservado para ti,
una vieja fragua que derrite el óxido
de todas las angustias
y vence a la carcoma gris
de los malos recuerdos
y arroja a la basura los desechos
que pueblan a veces
tus delirios de silencio.
No pretendas
que el mundo te quiera o te comprenda,
ama tú la vida y respira
y llena tus pulmones de energía
y échale brindis al viento
y deja que te acaricie el alma
con la brisa perfumada de mis versos.
Yo sé que es difícil
encender las farolas del destino
para apagar las negras sombras
que llevas prendidas
a la estela de tus pasos
pero créeme si te digo
que debes caminar hacia delante
y que las cosas no son más
que del color con que las mires.
Conversación con una Musa
Te he contado ya tantas cosas,
tantos sueños y pensamientos
y versos cifrados que laten
en el lienzo herido de este alma
de acordeón arrugado,
tantas tristezas y alegrías
largas y lentitudes de aire
que dan tumbos en el reloj
y descarrilan en las venas
con todo el enorme peso
de sus eternidades locas
y feos meridianos huérfanos,
que ya no sé qué hacer,
qué sonrisas robarle al sol
al despertar cada mañana
o qué luna llena inventar
para encender la llama fresca
de tus labios y derrotar
así a ese duende solitario
que me desmenuza por dentro
y me revuelca en su delirio
amamantado de silencio.
Te he dicho tantas cosas que
ya no sé cuál es mi derecho
o mi revés o qué oscuras
fantasías hacen crecer
mis alas y desencadenan
esa tormenta de palabras
o tumulto espeso y sin tregua
de sentimientos que se enredan
en el papel y abren profundos
surcos de ternura en el huerto
mutilado de la esperanza.
¿De dónde vienes? ¿Dónde vas,
musa inmortal, cuando te busco
y no te encuentro agazapada
en un rincón de mi garganta
o en una remota esquina
del frenesí de mi cerebro?
¿O quién eres tú para entrar
y salir de mi vida y usar
el humo blanco y negro y crudo
que destilan todos mis huesos
o rezuma el jugo de mi equis?
Te he hablado tanto de mí,
de mis vivencias abiertas
o las marismas subterráneas
que se ocultan bajo mi piel,
que casi no quedan palabras
en el abecedario para
atrapar el polen de fuego
que hay en tus ojos de sirena
desnuda y vestida de mar
e hilar un poema una vez más.
¿Sabes?
¿Sabes? Hay tantas rutinas que quiero
olvidar, tantas heridas del tiempo
que sangran del derecho y del revés,
tanta lotería rancia atrapada
en las ruinas absurdas del pasado
que a veces preciso sentir el vuelo
de un ángel sobre mi piel y caer
sin vértigo en el fondo de ti
hasta tocar el cielo y descorchar
el cava que madura en la bodega
de tus labios y sorberte el alma
como si fueras la crema de un helado.
¿Sabes? Tu ausencia es un trapo negro
que anuda tristezas nuevas al yugo
de mi viejo corazón solitario,
un aroma que inunda de distancia
el aire y permanece allí anclado,
en el muelle errante de un cometa
que sabe a soledad inhumana
y precipita verdades amargas
desde la altura fría de su abismo.
Pero no importa. No importa que estés
tan lejos, me basta con la sonrisa
que a veces esbozan tus dulces versos
sobre el papel o el fulgor de tus ojos
que miran con luz de ventana abierta
y dislocan estrellas infinitas
en el bohemio carnaval del éter.
Así eres tú, compañera
1
Nube blanca o estrella nueva
en un cielo largo de verano,
así eres tú, compañera,
suave como la luz tierna
de un corazón bordado
con el hilo azul de la dulzura,
marea de sueños transparentes
e íntimos tesoros
que sólo la caricia fértil de unas manos
se atreve a poner al descubierto.
2
Tu piel es una tregua infinita
donde hierven sin límite todas las ansias,
un horizonte limpio
que descorre las cortinas del alma
y envuelve en papel de seda
esta negra soledad de náufrago.
3
En tu sonrisa de cometa alegre
madura la luz,
vuelan pájaros de espuma y frenesí
y arde el tuétano del aire
como la paja seca de un granero
en mitad de un rojo incendio.
Tu llanto es un cuchillo
que rasga la médula del tiempo,
un loco polvorín de voces tristes
que me invade sin freno
hasta el fondo de los huesos.
4
Ven y llena mi taza de fuego,
corta la espina del rosal amargo
donde se ocultan las penas.
Derrite este círculo de nieve
que corre helado por las venas
y no sabe en qué abismo infinito
esconde el destino
su agria sentencia de muerte.
5
Házme volar en tus relámpagos
hasta dejar atrás el cielo.
Pérmiteme que sea
una gaviota blanca en tu cerebro
para que pueda abrir mis alas dentro
y surcar las olas destiladas
de tu océano secreto.
6
Así eres tú, compañera,
un suspiro de acróbata en el filo del silencio,
un delirio de luz que vuelca sus enigmas
en el balcón abierto
de sus ojos llenos de agua clara.
Así eres tú, compañera.
Así, de esta manera
que yo te digo y te imagino,
una nube blanca o una estrella nueva
que se mueve en círculos abiertos
por el hueco vacío de mi almohada.
7
Un velo de abriles nuevos
bordado con finos hilos de deseo
te cubre el rostro,
es un retal hermoso de seda
que viste de tules la noche
e inunda el alma de ciegas pasiones.
Es una fiebre de junio,
una rosa de adolescencia
que huele a primavera intacta
y estrena aromas de coral y terciopelo.
8
Eres hilo que enhebra los retales
del que fui, del que soy, del que seré,
una ola abierta
en la marea ardiente del atardecer
que trepa a la arena de mis costas.
Eres lluvia que fertiliza el alma
y fermenta la ternura de mis dedos
como si fuera levadura eterna
que el infinito siembra en la piel.
Eres un mar profundo y definitivo
lleno de juegos malabares
que devora el agua de mis ríos
y ahoga en el azul todas las penas.
9
Vuela libre, compañera,
y surca el cielo,
vive esta aventura breve
que el tiempo te regala,
disfruta de la vida y explora tu destino,
descubre el horizonte transparente
de toda la ternura de los siglos.
10
Siembra de alegría el aire,
a veces tan vacío o carente de sentido,
y aprecia el valor irrepetible de las cosas,
y a pesar de que el tiempo desnudo y sin careta
es un pozo amargo y profundo
donde sólo florecen los árboles de la muerte,
derrámate sobre mi almohada como un sueño
y dale algunas pinceladas de color
a esta vida que pasa a la deriva
como un velero que se va a pique
sin que nadie detenga su agonía.
11
Eres uva en la cepa de mis versos,
racimo egregio que crece en la parra
de los sentimientos
y abre territorios fértiles
de ternuras audaces
en el ritmo frenético de las palabras.
Eres fiebre cálida,
loca precisión de ola salvaje
que se ajusta a la cadera
y se apodera de la médula
con sus golpes de espuma acumulada
y sonrisas derretidas de sirena.
12
Tú, esperanza alada
donde confluyen todos los ríos
arteriales del pensamiento,
eres luna de círculo completo,
grito de estrellas blancas
acampadas en los surcos
más azules de las venas,
eres flor de cumbres imantadas
que inunda de polen
y vuelos de mariposas blancas
la amarga raíz cuadrada del mañana.
13
Vuela, compañera,
como un pájaro que tiembla y que palpita
en el azul del aire,
como un verso que estalla en el oído
el carnaval florido de sus haces.
Vuela, compañera,
como un viento tranquilo
que besa
las hojas secas y amarillas de mi otoño.
Vuela, compañera, vuela,
que el cielo pertenece al infinito
y la ternura carece de fronteras.
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