Quiero decirte que:
cuando te vi
el mundo se volvió más mundo
y más vida la vida
y decirte que:
ira, expectación
sencillez, contradicción
fue lo que además trajiste
y quiero decirte:
Ahora y aquí,
que soy como soy
que:
te amo, odio
deseo y necesito
que:
el amor nace, se labora
se hace día adía
se supera
y que:
amemos, odiemos
luchemos y vivamos
y que:
una mujer como tú
se la vive
o se la guarda
en un recuerdo
y quiero decirte que:
...eso era todo lo que
quería decirte... o casi todo.
En ocasiones suelo jugar a destapar
las dudas de tu mirada con las incognitas de la mía
y macrovisualmente recorrer en ti
las sombras de mis recuerdos o de mis ansias que
tomaron categoría de historia en la antesala de la espera
o rellenando inútilmente espacios de tiempo
con apretujadas palabras pensando que tal vez así
-a contrapelo de la experiencia- tu inocente pregunta
tenga solaz en las impertinencias por las que
galoparon mis palabras.
Suelo pues jugar destapando tus certezas
para toparme con mis dudas.
Corren...
corren los sentidos
en tu pos y
a tu presencia.
Y me grita
tu fuero profundo.
Y me asombra la vida
¿Acaso es el amor?
El pelo
la mirada y tu cuerpo
me lo dicen...
tu andar me lo dice
y tus labios cuando hablas
y tus manos cuando tiemblan.
Extasiado ante ti
desnudo tu cuerpo y
dejo pendientes
mis deseos
para que
se acompasen
con los tuyos.
Aquella noche
-sin angustias-
la belleza
midió
fogosamente
nuestros cuerpos.
En la noche
reviví feliz contigo...
Desperté
con la luna a mi lado
¡Tenía tu nombre!
El amor
montando al viento
escapó
furtivo
de nuestro ardoroso cobijo...
Apresurando el paso.
¡Penetrando al Alba!
Esparciéndonos
en cada rincón
por toda la mañana.
Yo un relator más de mi vida
he penetrado en la tuya...
Busco en el rincón
donde tus manos dan blancura a nuestras prendas
tu abrazo caliente
o el reclinar de tu cadera sobre la mía.
Yo un mero relator
asombrado con mi vida
pongo en mí la tuya compartida...
Yo un relator más
demente por amar
demente por sufrir
demente por morir
dejé en tu vientre toda la posibilidad
de sobrevivir contigo
como el Sol y la Luna
sobreviven con la Tierra.
Sin saber por qué lloro. En la soledad de
mi silencio sólo abarco lo que con mi mirada
alcanzo... un desprenderse
para volar hasta el monte que cierra la vista
y me paso y... remontarme en el sonido del río
como lamiendo las piedras de mis sueños.
Lloro.
Sin la cercanía de ti -ahuecado-, me pierdo
en las preguntas que están en el cielo
y son estrellas.
Solo. Nocturno. Me acompaña el séquito de
mis sueños y los seres que nacen al véspero
para penetrar oscuridades.
Mi ser no encuentra guía en ti,
estrella del norte... del sur...
Soy veleta desprotegida del viento.
¡Ya no señalo!
Y mis gritos de silencio
caben mansamente
en la luz hurtada de la noche.
Como aquellas estrellas muertas
que aún regalan su luz
vives en mi recuerdo
Tiré
la
estrella
que
antes
llevó
tu
nombre
(de nuevo
la
rutina
de
todos
los
días).
Cuidadosamente
te
anoté
en
mi
bitácora
poniéndola
al
día.
Sin embargo...
se
despapeló
tu
cara
tu
cuerpo
tu
risa...
Hoy
se
acercó
la
lejanía
de
tu
recuerdo
Me libré
de ti;
pero
mi corazón
se arrugó
por conocerte.
Sería preciso decirte en este escrito
que te tengo atrapada en mi memoria
y que te has crecido
más alto que los sueños.
Mira,
tu aroma ya no es tuyo,
es más río, montaña o selva...
Sería preciso decirte que
desde tan lejos,
nos encontramos en nuestra agazapada trinchera
y que allí eres tan tersa ígnea
que sólo te cubre mi sueño.
Sería preciso contarte desde tan lejos,
que en la reiteración alelada de los días
el tiempo se fundió en el espacio del beso
que me entregaste ayer o que te robaré mañana...
Sería preciso para atraparte ahora tan alta,
no saberte más que escrita en esta página
grande y profunda, cercana y lejana
de estos dedos
con los que acaso te roza mi alma.
Tu solías pedir, preguntar,
exigir que te contara...
Yo, jugaba a sostener,
decía que lo ignoraba,
que tranquila, que no era nada,
utilizaba mis pobres estrategias
para evitarte.
Tú, en cambio
empecinabas
y escarbabas con tus ojos
con tus labios tenues...
Yo, entonces suspiraba...
argumentaba que estas cosas
y que además...
pero era tan vertiginoso.
¡Toda tú preguntabas!
Eras tú todas mis cosas:
inquirías desde mis libros,
en el canto de los pájaros mañaneros
o en el recodo de la cafetería.
El mundo no tenía un sólo resquicio
o salida...
¡Eras tú
interrogación llena y fecunda!
Yo, retozón
volaba... y sin darme cuenta
mis labios balbuceaban
el filo de tu nombre delgadísimo,
ordenando el orbe.
Y con mi terquedad flaca
las cosas venían desde ti
en desmedro hacia su mísera entidad.
¡Había perdido!
Y sin embargo
me queda el regusto de ti
saboreando mis derrotas!
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