El eco de tu sexo



Arden los deseos
en el valle de tu pecho...

Torrente de ocasos
que descienden a tu pubis:
el aire te duele, me quema...

Sombras que gimen, gritan
silencios a la silueta
que agoniza en el recuerdo...

Entonces,
abres lo ojos, tiemblas
y susurras mis besos...




Aún sé que tu calor persiste
y quema
en éstos mis párpados pecadores:
adictos a tu silueta...

Sangra el aroma de tu cuello
derramándose al vientre
desgajado por la lengua de mis ansias...

Revienta el placer
en recorrido violento
por las formas oscuras de mi boca...

Son deseos mudos
salpicando el cielo que arde en tu piel.




Felina tu lengua
que deshace, desangra
la presa escondida en mis labios.

Un festín de dolor ansiado
al ocaso de las horas...

Surcamos la infinitud
de la piel azotada por pasiones dignas del desierto...

Luego silencio,
                      suspira la noche...




Entonces
gotean las gaviotas
en el mar de mi boca,
gritos que se disuelven
en el ocaso agridulce
de la falsa y ansiosa despedida.

Besas mi cielo
desplegando una marea de mariposas azules
                                                                  y fuego.

Has abierto el verano
dibujando mis formas con tu lengua...

Los graznidos se confunden
con los marrones celestiales...

El hielo arde...

El eco de tu sexo sigue campaneando
en mis ojos:
mártires de tu desnudez,
brazas ingenuas que vuelan de tu cuerpo
al elixir que se me derrama por los dedos...

Cuántas muertes esta noche...

Cuántas!!!