"Un hombre gris avanza
por la calle de niebla"

Luis Cernuda


Un hombre triste se mira en el aire,
luego solloza, y algún remordimiento
se apuña, poco a poco, en su bolsillo.
Avanza hacia una oscuridad que apenas
cabe en su sombra. Cruza la esquina
como un pájaro ciego. Mira una niña
que solloza por un padre desconocido
y se pierde en un vaho de
faldas y zapatos.
Un hombre triste pregunta por el sitio
y la hora de su muerte, avanza
en la niebla, luego solloza, y algún
remordimiento abandona su bolsillo
como si todo hubiera sido un sueño.




Qué estraño es volver,
hallarse en una ciudad fantsama,
en una calle donde la lluvia
es como siempre.
Llegar donde nadie,
nada te espera,
donde no hay en quien mirarse.
Entonces, para qué se regresa,
para qué se olvida
a los amigos,
en un lugar anónimo
por donde transitan las memorias.




No comprenden que tengo ganas
de besar la distancia,
los escaparates
y un revólver treinta y ocho.
Que tengo el ansia en las manos
y deseo desnudar un cuerpo
el tuyo quizás.
No ven que me siento solo
y ni siquiera encuentro a Dios
mirando por la ventana.




De lo poco que me queda
quiero dejar este aguacero
en tu mejilla
esta madrugada que penumbra
un poema para ser leído
en voz baja.

De lo poquísimo que me queda
y esto para mis amigos
quiero dejar una sinfonía en violeta
un jardín de cenizas
y quizás para que se peleen por algo
los derechos de mis libros.




Hay días en los que sufro,
y me siento solo,
y me siento al lado de mi sombra.
Miro tu casa, las cortinas
y el viento que ladra.
Pienso en el frío que cubre tu cuerpo,
en el frío que me cubre,
quizá, en alguna niña
que podría ser mi hija.
En fin, en tantos hechos que me duelen,
en tantos poetas que han muerto
y en ti.
Porque, sabes,
hay días difíciles
en los que podría morir
sin ningún remordimiento.




Si tu vinieras antes de romper
otro poema,
de explicar al tiempo
por qué faltas,
por que la sombra ostenta
su atlas de aquelarre.
Quizá comprenderías la dulzura,
el gesto hostil que pongo
a medianoche,
que una taza de café
no es sólo gusto,
sino un rito de pájaros y lumbre.
Y quién sabe si entenderías
por qué la carne
tiene un nombre nupcial
y constelado,
por qué el lecho
se combate con relojes.
Si tú vinieras (y aún dudo que vengas)
no dejes que a tu cuerpo
lo arrastre la memoria de este mundo.




Hace media hora que la esperas.
Hace medio siglo que tus ansias
se desviven de esperarla.
No llega, y te muestras pálido,
doliente, casi serio.
¿Dudas? y aquel ciempiés
del que tanto hablaban tus amigos,
te muerde cada vez más hondo,
cada vez que miras el reloj
y pasa el viento.
No llega y tú quisieras irte,
sin saber si llegó,
si llegaría,
mientras la noche es un tumulto.
No llega, y es tan difícil
ir por esa esquina
donde tú y tu sombra
se encuentran de repente.




Usted puede pasar por la esquina,
aferrarse a un recuerdo
o simplemente cantar una balada.

Usted si quiere puede salir
conmigo,
maravillarse de lo sucia
que está la ciudad,
conversar sin ningún compromiso
del clima o la política.
Usted, desde luego,
si desea que guarde
mi distancia bajo su ropa,
puede dar el primer paso,
pero solo el primero.


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