De la noche sólo queda rastro,
ya la luna envejece y con su mágica entrega al instruirme de pasión, se
despide, dejando límpido lo mucho que siento. Ella con su afable devoción, me
enseña que solo una vez se vive y por único amor se derraman lágrimas, las que
más tardes serán memorables como un gran diluvio de dolor cedido de mi alma.
Acaso esto explica el porqué mis ojos no se unieron esta noche, será que tu
constante presencia no cesa en mi mente, o talvez mis labios sedientos añoran
esa esencia que los tuyos ofrecen, que quizás temes rendir hacia lo que deseas.
Manifiéstame, que es la dicha o desventura que confunde tu corazón y dedícame
un solo instante para expresarte las intuiciones que me intiman a esto. He
exclamado por demás, tu decides el final de esta infinita aurora que mis sueños
han anhelado por incontables crepúsculos que has morado en mi vida.
A pesar del tiempo, de la vida insólita, de la oscura noche,
comencé a admirarte... Y a un corto lapso mi mente y mi corazón debatían juntos por una joya que anhelabas entregarme.
Tu mirada sabia y profunda insinuaba un beso en un mismo instante donde tus ojos ofrecían fervor. Por un momento indudable, nuestras almas se unieron cuando tus labios se acercaron a los míos.
No denegaré, fue un paraíso divino en un mágico universo que ambos construimos, mi espíritu lucha por borrar toda ilusión, pero mi corazón ignora esos pensamientos sencillamente porque añora atesorarte.
Y que vendrá ahora, el temor de perderte se apodera de mí, percibo algo confuso en ti, y no deseo afligir tu alma, si ciertamente tu destino está aquí, juro verazmente esperar por tu llegada.
Sentimientos nunca antes poseídos someten nuestras vidas, como un rayo de luz flamante, confiesan lo deslumbrante e impetuoso que será el increíble desenlace de este
maravilloso inicio.
Si acaso no es el final
deseado, confiésamelo y plasmaré uno hermoso para ti, para los dos, no dudes en
que nacerá igualmente de este corazón
que no desiste ni un segundo de poseerte en él.
Y desperté... con el alma llena y el corazón latiendo...
La flor estaba marchita y sola, pero quería renacer, mas no como
el jardín que florecía por un tiempo... tan solo por un tiempo... buscando
retoñar con gran esfuerzo...
Luchó el viento, y algún día movió la flor...
Fue en algún momento cuando su fuente llegó... Tan solo una gota
de agua bastó para alzar aquella esperanza y divina efusión...
...Amare la flor al agua como nunca antes amó... Contare la flor
al viento que de nuevo la vida empezó...
No tuviese el agua que escuchar la melodía de una voz confesando
amor, mas en el fondo supiese quien fuere ese amor...
¿Por qué, por qué haces esto? En oscuras noches, en largos días,
en sombrías faenas, no hallo respuesta a mis inquietudes. Te siento tan lejos
mientras en
leves piezas quebranto el cosmos desgarrando mi vida lánguidamente.
-Dime algo, -no calles-, me intimida tu respirar frenético...
Tus fornidas manos coinciden con tu rostro he intentan tapar la
desesperación que irradian tus ojos...
Acaba pronto la especulación y dime ya un adiós, que aquí no
puedo más...
Ineludiblemente nuestros corazones conciernen a los marchitos
recuerdos de ese viejo amor, que contra todo vive floreciendo allí.
Miro el mundo, pienso en él, miro la vida, pienso en él...
Oigo razones, lucho por él, invade la obediencia, lucho por
él... No el uno, quizá el dos... profuso interés.
Pero existe él, perfecto caballero, ideal de ensueño, por allá
de la vida, por allá de la muerte. Un diferente tipo, pero igual en mi mente,
su corazón ideal concilia con su voz, con su rostro, con su cuerpo y su todo...
Admirable modelo, e indudable ejemplar...
Lo amaré en su momento, viviré todo el tiempo, nuestro amor
surgirá de luna a luna por nuestra eternidad. Existiremos por unir el alma
hasta el infinito deseo
de nuestra pasión.
Dormiré por las noches, soñaré todo el día, pintaré en mi mente
su pulcra belleza, lucharé día con día por la senda de vida radiante de
ilusión.
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