Te soñaba,
mientras barría los templos como un ángel.

Temblando cuando en la noche ardía
mi culpa adolescente.

Mirándote en los ojos de los niños
solamente miraba lo que fui.

Hoy no quiero soñarte:
Me basta con que estés.




Ansiando contemplar
la esencia de la luz
mi cuerpo acariciaba la penumbra.
Huérfano de Beatriz, reconocí
la huelaa del amor en la noche oscura.

Desde entonces respiro
con un dios insurrecto en las pupilas




Me afeito. Pienso en la cuadratura del gallo,
en el organizado desorden de las cosas.
Vuelvo humano el sonido del agua,
la cucaracha cobra vida un segundo,
esquiva el zapatazo y se refugia
en cualquier pliegue del recuerdo;
Un calcetín usado observa fijamente,
-lo pillo en la penumbra-. Termino de afeitarme. El rostro amanecido
se fuga del espejo:
          de su pulida y honda soledad.




En el bus, junto a mí.
Nuestro único lenguaje
fue el rabillo del ojo.


Boeing 707

Un trozo azul tiene mayor
intensidad que todo
el cielo.
Alfonso Cortés

Me hundo en el celaje.
La neblina que soñó al mar, me convocaba.

Una azafata, ¿ángel? ¿rayo? está;
luego no está y nunca jamás.
Pero ahora, ¡sus labios entre tanta nube!




A corto plazo bordamos batallitas de ternura;
congelamos el miedo
inaugurando el sinreloj del amor.

Hay quien se fuga esperando su tiempo,
pero este es un tranvía sin estaciones
cuya sola memoria es lo vivido.

           El resto es soledad.




Boceto de un orgasmo

Metáfora de polvo y universo,
derrota del horóscopo.
No hay indulto para la eterna deuda de la
           urgencia.
Los dedos se emborrachan con la piel.

La textura del mundo convertida en
           durazno.




Llegué a casa muy noche
sin encontrar la luna.

En el jardín
sorprendí la invasión de blancos pétalos.




Han huido los pájaros.
Algún ladrido anuncia: es hora de
                      amordazar el tiempo.

Se derrama la tarde.
El viento calcinado está suspenso.

Escribo mientras pintas:
nuestro espacio se llena de aguaceros.




La tarde es un ladrido
mientras el gato piensa entre tejados.

¿Va a llover?, me pregunta.
Atrapé su mirada como un eco.

Hay postes de mercurio;
ni un grillo sobre el césped.

¿Comprendés mi susurro?

Un alarido en gotas para que no huya el
                      gato,
la tarde, los ladridos...




Huele a lluvia.
Será quizás la danza diferente del viento,
la voz premonitora susurrando aguaceros.

Pudiera ser también este sopor
nutrido por el canto de algún pájaro/
hormiga titubeante
           que ya olvidó su norte en mi
                      alacena;

En fin, todo es presagio
después del mediodía,
           en esta tarde inmóvil de
                      febrero.




La muerte lleva el nombre de mis huellas;
olvida mi sonrisa.
No sé hacia dónde ir. ¡Hay demasiadas
                      lunas
en mi sombra!

Poseído por la muerte
escucho aún sonidos de campanas.




Invento la memoria
la restauro, la engaño, la condeno.
Voy bandereando el alma, sin piedad de los
                                 sueños.

El frío es una línea. El llanto y el amor, sólo
                                 un pretexto.

¿La muerte?
Una simple frontera de mi cuerpo.


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