Seis
Tu soledad me resulta insoportable
caminas sola del bus al parque
del parque al otro bus
y de ahí a tu casa
con ese balcón siempre dispuesto al amor
como en un teatro o en un bolero
sola con tu tele, con tu sencillez, con tu nido desprovisto
sola con un hombre que no puede ser
ni tu amante ni tu amigo
sola, con un gran signo de pregunta
entre el pecho y la espalda
tu soledad es insoportable
digamos que por solidaridad, o complicidad, o por mera convicción,
¿me vas a dejar arrebatártela?
Ocho
si he de morir
quiero que sea contigo
Pablo Milanés
Vengo por primera vez
a pisotear la nostalgia
con los besos que escriben tu nombre
vengo tranquilo,
con el encanto de saberme vencido
esta guerra perdida me ha enseñado
el peso específico de las sombras
vengo, y sé que mi boca recorrerá tu relieve de nuevo
porque al cerrar los ojos
sos un material de las estrellas,
un astro vivo, recreado en las alturas,
y por más que la vida se empeñe
el deseo es un país sin derrotas
y la luz de la noche
me pierde en tus palabras y tus huellas.
Doce
La gran ironía de Dios
fue otorgarnos el destino del sueño
y obligarnos a vivir su reverso.
Armando Álvarez Bravo
Tu ausencia es una calle ciega.
Camino por las mismas sombras
que a veces habitan los sueños tenebrosos
y, mientras duermo, tu piel vuelve a ser un país conocido.
Tu ausencia es una carta abierta
cuyos secretos no deseo descifrar
aunque están escritos en un lenguaje ambiguo.
Quince
Cómo decirle al silencio que te quiero.
Luis Ángel Castro
Este muchacho vulnerable y triste
se desgaja del firmamento, capitana,
se deshace en tu silencio,
interrumpe su memoria en tu partida,
no se perdona este caprichoso cósmico,
apenas desea conversar solo
y ha olvidado el color de la ira,
su balance espiritual tiene déficit de sonrisas
y ha muerto el niño que no quería crecer en él.
Es que tu ausencia le hace mucho daño.
Dieciséis
Llegás y los árboles del parque
se ponen rápidamente las hojas.
Jorge Arturo
Nada como el aliento suave de tu cuerpo
nada como tu compañía silenciosa y sutil
nada como el golpe solapado de tus palabras
nada siempre tan cierto como tu mirada
(nada siempre tan inquietante y vivo)
estoy repleto de preguntas
cuyas respuestas
he perdido para siempre.
Dieciocho
La luz lo malo que tiene
es que no viene de ti.
Pedro Salinas
Es la oscuridad una noche sin luna
apenas se aprecian cuatro o cinco objetos
insulares, entonces, en inmenso mar negro
halla en su mente la huella suya de colores
en medio de las tinieblas,
y allí copulan dichosos, gozosos, tumultosos,
es la tempestad deliciosa de la piel que conocen
y sus ojos verdes
y sus labios rojos
le ganan otra batalla a la muerte.
1
Si tenés que irte,
¿por qué no te llevás
en arriendo esta boca?
Dejátela, por favor,
cuando tenga que irme.
Podés llevartela en la bolsa,
podés tenerla escondida.
Y cuando no querrás que sospechen
de esta boca clandestina,
la podés guardar en tu seno
como guardan los papeles las mujeres de campo.
Esta boca no promete mucho:
buscará nuevos relieves,
montes, selvas encubiertas,
escondites...
Es una boca modesta,
que no aspira a mucho.
Pero si encontrás algún sitio hospitalario para ella
prométeme por favor que vas
a hacer todo lo posible
por no devolvérmela.
2
Tu mano se posa sobre mi mano.
Es una golondrina.
Le sale espuma del vientre,
el manto esponjoso y blanco
esconde la mano,
y por el brazo sube,
indómito,
tu mandato supremo,
tu mejor manera de abrirme
todas las escotillas,
las puertas, el tragaluz
para entrar por todas partes,
como un pájaro ciego
que no sabe dónde va...
3
Tus piernas tienen la virtud
de los troncos fuertes.
Son calladas,
tienen una dignidad insobornable.
Con toda honestidad,
voto porque sean de pocos amigos.
8
Desde que existe la memoria
me pertenecés cada vez
que cierro los ojos.
Me escapo del espacio
y encuentro refugio en tu cuerpo.
Adentro, en los labios de tu noche,
me espera un animal en celo.
No importa si ha pasado un día o un año,
si está clara la mañana o llueve,
cierro los ojos y se esfuman
las reglas y los horarios.
Sólo existo para ubicar
cada centímetro de tu cuerpo,
e invadirte como un secreto.
Como si fueras la parcela en la que quiero
cosechar todos los frutos de la tierra.
Cierro los ojos y me pertenecés para siempre.
10
Te invito a tomar asiento,
a ponerte cómoda en este vagón
que vuela.
Te solicito amablemente
que apagués la luz
y te vengás conmigo
mientras llueve.
Más que una llamada
esto es un ruego,
un estímulo, una caridad
y casi una exigencia
que sale de las venas.
Parece exuberante, casi estrafalario
pero no me apena
ni me duele
y te exijo suavemente
casi de rodillas
como en una oración
o un acto de fe
que tomés asiento a mi lado
o extendás las alas
para revolotearme
mientras mi sangre se sacia
con tu función de soberana.
Debés tener paciencia o ignorarme,
porque un muchacho enamorado
suele ser necio y desmedido,
pero te prometo que si sos tolerante
y callás mis excesos
al menos serás
la propietaria
de un manojo e intentos fallidos.
12
No luches por controlar la nostalgia,
es una patria donde el silencio embellece.
No me esfuerzo
para que no duela
lo que duele.
No es que quisiera lanzarme
al precipicio
ni que crea que haya que lidiar
la tristeza con capa roja.
Simplemente es que la distancia
y las penas compartidas
pueden amanecer siendo alegrías.
Por eso, a veces me pongo de pie,
me quito el sombrero
y saludo a esa desazón
como si fuera una señora.
Deja el alma en escombros
nada más porque sabe
que ahí vienen de nuevo
el vuelo y la rosa.
21
"a él siempre le cobran
recargo en los recibos de la luz"
Osvaldo Sauma
Me rindo.
Por vos estoy dispuesto
a pasar en rojo los semáforos,
a no pedir nunca más
permiso para decir ridiculeces,
a inventar las mentiras más dulces
y a creerlas para siempre,
a batir todos los récords
en las cuentas del teléfono,
a amanecer con las luces encendidas,
y a olvidarme del léxico
para repetirte las cuatro palabras
que te encienden.
33
Busco señales de vos
espacios donde encuentre
indicios de tu existencia.
Tal vez quiera, simplemente,
caminos de humo entre las nubes,
un llamado de tambores en el pecho,
una vela en un cuarto oscuro,
una rosa junto al cerrojo de la puerta.
No es delirio de solemnidad
ni deporte de temporada.
No te busco como quien caza mariposas,
o quien halla animales en su dormitorio.
Busco la ventana que te pertenece,
el tunel del viento que guarda tu voz,
el golpe vacío de mis ojos,
cuando un sitio entre dos
se convierte en pasillo o estorbo.
Busco huellas, olores, palabras tuyas,
los rayos verdes que nos bañan
cuando danzamos sin ropa.
Busco la tierra donde fundamos
la patria del deseo,
el terreno donde inventamos
el sabor más sereno
de una victoria compartida.
39
Mis manos han buscado tu cuerpo
entre las sábanas.
Ahora mis dedos son caminantes
de la noche.
La albura horizontal
es una cicatriz
en el silencio más oscuro.
La cama es como un mar
y estoy naufragando.
Es una lástima que las manos
no sepan llorar.
54
No es posible
adivinar en vos los días soleados
y las noches de tormenta.
Las palomas igual vuelan
sobre tu cabeza
y los pájaros que anuncian la lluvia
nunca dejan de cantarte.
Lo único que sospecho
es que siempre estás en primavera.
Con vos los animales salen sin miedo
de sus madrigueras.
Saben que en tu vientre hablan los peces
y saltan las culebras.
Por lo demás, todavía sos inconcebible.
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