Cartago, Heredia...
Rumbo a Cartago las cosas no son lo que parecen.
Sin desayuno, sin buenos días, sin un beso es como si no viviéramos juntos, aún estando casados...
Ayer tuvimos la misma discusión que tenemos desde hace un mes y tú, como siempre terminaste la pelea con una lágrima gris...
Rumbo a Cartago, sin saber manejar conduces nuestro auto mientras ignoras que te miro, que te quiero aunque no lo digo...
Los pinos se abren paso por el camino en medio de la niebla a las cuatro de la mañana. Y yo te sigo mirando, te sigo queriendo.
Nunca encontré unos ojos más salvajes que los tuyos -pienso mientras miro por el retrovisor- no existen, lo sé. No hay misericordia en ellos: asesinan lentamente de reojo, siempre con un corte quirúrgico que va de mis labios a mis ojos, a mi alma...
Y para colmos sus cabellos siempre me distraen con un movimiento lento, sensual, de violín quizás...
Después de eso todo es placer, aunque yo no lo quiera, aunque niegue que lo sé...
Tus contoneos rumbo a la cama me atrapan mientras el vino de tus venas me envenena, mientras inmóvil en la puerta como un niño te admiro...
Eres mala, lo sabes y lo sé.
Con un dedo me llamas siempre, como una niña que juega con su mascota.
Mientras te desnudo lentamente me crucificas con tu mirada, que entre el pánico y el querer, piden más a mis manos, sólo un poco más...
Pero siempre cuando tu piel arde en azul, cuando nuestras sábanas redondean tus formas, cuando eres sólo mía, siempre buscas mis labios...
Así es el juego de ambos por las noches; el que no jugamos ayer...
Sin embargo, rumbo a Cartago el frío no nos une ya...
Ella me quiso, lo sé.
Hace 45 minutos que no me hablas ya... Hace 45 minutos que salimos de nuestra casa... En 45 minutos estamos frente a las ruinas: nuestra primera cita en el invierno aquél...
- ¿Por qué vinimos a este lugar, mi amor?
Pero no responde...
Quizá olvidé nuestro aniversario aunque bien sé que faltan tres días: ¡fue un Martes a las tres! O tal vez prometí algo mientras medio dormido ella besaba mis labios... No lo sé.
Sentada, mira al cielo nublado como buscando mi respuesta, mi voz...
En Cartago las cosas son difíciles, ahora lo sé.
Tiene en sus manos aquel poema que le susurré al oído bajo la lluvia del invierno, de aquel encuentro...
Lo lee y yo, tontamente la contemplo sin decir nada. No comprendo.
- Sabes algo...
- ¿Qué? -digo rápidamente-
Se queda en silencio un par de minutos.
- Hace mucho, cuando nos conocimos aquí, me dijiste que te besaría por primera vez al atardecer de ese día aunque yo no quisiera. Y sin querer, lo hice...
- Luego, dos semanas después, juraste que nos casaríamos en el invierno del 2006 y yo, mirándote me reí en tu cara.
- Lo sé -le digo-
- Hace tres meses que comencé a dormir en tu piel...
Es cierto lo que ha dicho, lo que escuché. Todo es cierto.
Nos casamos en un día lluvioso, justo cuando los "amigos" no pudieron asistir por la lluvia, cuando tu padre refunfuñó por nuestro invento de unirnos en la playa, cuando fuimos felices los dos...
No abordamos el auto después de la ceremonia. Caminamos.
Bajo la lluvia caminamos besándonos, tomados de las manos. Todo lo hicimos bajo la lluvia: la bendición de Dios.
- Hace tres meses que empecé a ser feliz -me dice-
- ¡Mentira! Desde aquel día en que te besé sin querer, desde allí empecé a ser feliz.
- Y recuerdo aún cada mañana, te recuerdo dormido aún... Recuerdo tus cabellos desaliñados, tu olor a hombre, tu brazo torcido bajo la almohada...
- Pero, recuerdo aún más cuando despertabas y me sorprendías mirándote, y entonces sin quitarme la mirada de los ojos, acariciabas mis piernas y subías poco a poco... Pero yo, yo me mantenía fuerte y no apartaba de tus ojos mi mirada...
- Y tu mano en mi sexo, en mi vientre, pero yo seguía fuerte... Cuando llegabas a mis senos, sentía como mi fuerza enflaquecía pero no, aún luchaba, aún podía...
- Lo recuerdo amor, lo recuerdo bien -le digo, pero no me pone atención-
- Sin embargo cuando tus dedos rondaban mis labios, mi mirada me traicionaba... Adoraba sentir esas caricias, las que nunca nadie me dio, las que tu sabías bien dar antes de un beso. Nuestro matutino beso...
Recuerdo bien todo lo que dijo al aire, lo que lloró en palabras pero, aún no sé por qué estamos aquí, y por qué no me quiere hablar al rostro...
Caminó para darle vueltas a las ruinas mientras yo perseguía sus jeans ajustados, su blusa celeste...
Nos sentamos en el mismo lugar de siempre, pero ella no buscó mi hombro ni yo sus manos...
De pronto se levantó, y sin decir nada caminó hacia el auto... Después de calentar el motor por un rato, arrancó con una lágrima en el pecho y yo, con otra en mis manos...
Rumbo a Heredia, las cosas se aclaran poco a poco, poco a poco...
El sol alumbró nuestras espaldas mientras el viento, osadamente, cabalgaba rápidamente por sus cabellos, tentándome una vez más.
En la radio el silencio sonaba distorsionado pero ella con la mirada perdida en el volante, no sentía al soledad que yo, el frío ni el tenue azul que se mira a las cinco con quince minutos de la mañana.
Llegamos a Heredia, al Fortín.
- Lo han estado remodelando -le digo.-
- Aunque creo que la bandera de Costa Rica que ondea en lo alto debería ser cambiada, está muy fea. -Inmutable, no responde a nada de lo que digo...-
La sigo rumbo a uno de los escalones que tienen vista al lado Norte del parque...
- Desde aquí puedo mirar el lugar donde me pediste matrimonio... Sí, cerca de la fuente, bajo la lluvia, como siempre... -susurra al viento mientras llora suspiros, no puedo hacer nada más que mirarla...-
- Querías que nos casáramos en la playa, tiritando dijiste que sólo era cuestión de esperar un día lleno de lluvia, de viento...
- Perdóname por mis locuras -Le digo, me ignora.-
- Te amo. Te amo por escoger una playa pequeña, escondida, acogedora... Te amo por escoger un lugar para descubrir a nuestros verdaderos amigos, a nuestra verdadera familia, a Dios. Te amo, aún...
Mientras la escucho miro a la nada, perdiéndome en esos recuerdos tan vivos, tan llenos de color, tan nuestros...
Cuando vuelvo en mí, me doy cuenta que camina apresuradamente hacia la iglesia y, tengo que correr para alcanzarla...
Una vez allí, observo como ha sido decorada de blanco, de silencio y tristeza...
¡Eso es! Ha de haber muerto algún amigo de ella y yo, celosamente, lo olvidé inconscientemente.
- Perdóname -le susurro al oído.-
Y ella, me ha mirado envuelta en pánico, blanca, casi transparente... Su respiración ha acelerado a mil, sus ojos desorbitados ruedan por mi cara....
Dos segundos después, regresa su color canela, su respiración se gradúa y sus ojos cerrados lloran, su boca se llena de suspiros...
Asustado no digo nada más.
El silencio nos abraza, pero el frío sigue aquí...
Han pasado cinco minutos de sosiego y ella se ha levantado y se dirige al ataúd de su amigo...
- Aún te amo, no lo puedo evitar... Aún, después de tu muerte, aún... Aún cuando hace tres meses prometiste no dejarme, aún cuando la lluvia y el viento no serán como antes, aún te amo mi amor... Perdóname por creer que me abandonarías, amor...
En Heredia, todo es claro, siempre blanco y negro...
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Axel Rodríguez Flores.